domingo, 21 de febrero de 2016

Diálogo y Democracia

Durante mucho tiempo hemos limitado el significado de la palabra diálogo a una mera conversación o incluso lo hemos vinculado con la confrontación. Tal como señala Rodrigo Arce en su artículo: Las diversas manifestaciones del diálogo, 2014: “…no es apropiado hablar de mejores formas de diálogo sino simplemente destacar su diversidad”. Es esa diversidad la que nos permite ubicar al diálogo como un proceso de interacción que requiere una importante disposición a escuchar y aprender del otro.

El diálogo es un proceso de genuina interacción mediante el cual las personas cambian gracias al aprendizaje adquirido por su profunda disposición a escuchar. Cada una de ellas se esfuerza por incluir las inquietudes de los otros en su propia perspectiva, aun cuando el desacuerdo persista…” (Hal Saunders, 1999).


Entonces, si definimos el diálogo como un proceso de interacción que nos permite aprender gracias a la amplia disposición de escucha, encontramos que la relación entre el diálogo y  la democracia es permanente y de coexistencia, ya que para lograr la democracia se requiere que las personas se expresen con libertad y se escuchen con respeto.  Así, la importancia del diálogo en el fortalecimiento de la democracia radica en  que promueve la participación de los actores sociales, económicos, políticos, culturales e institucionales en el  debate sobre temas de interés individual y colectivo, así como en la generación de soluciones incluyentes, que parten de la búsqueda de la paz social.

Asimismo, en un país como el nuestro, donde las divisiones  étnicas, lingüísticas e ideológicas son muy profundas, la importancia del diálogo para fortalecer la gobernanza sugiere la necesidad de aperturar espacios de consulta sobre asuntos colectivos, donde las minorías puedan tener voz  y voto y sobre todo donde los ciudadanos puedan participar activamente, contribuyendo al cambio de la imagen de un estado ineficaz, vertical y desigual.

Laura Baca Olamendi en su obra “Diálogo y Democracia”, señala que las investigaciones refieren que los países donde el diálogo forma parte cotidiana  de la cultura política, ha sido posible el establecimiento de democracias con una gran estabilidad. Hace referencia a las llamadas democracias consociativas que  se caracterizan por la existencia de sociedades plurales en torno a las cuales se estructura una amplia gama de organizaciones políticas y sociales y, por otra parte, por la existencia de élites democráticas dispuestas al diálogo (Bélgica, Austria, Luxemburgo, Holanda y Suiza).

Queda claro que  el diálogo se debe presentar como un estímulo  de los valores democráticos, pero también que el principal reto para lograr que el diálogo sea  una verdadera herramienta de la democracia,  es  superar prejuicios y aceptar que todos los actores (políticos, religiosos, étnicos, generacionales, entre otros)  tienen algo que decir y aportar; promoviendo la eliminación de los monólogos tan comunes en nuestra sociedad.





Bibliografía
Baca Olamendi Laura, Diálogo y democracia. Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática, 2008.
Hal Saunders, A Public Peace Process: Sustained Dialogue to Transform Racial and Ethnic Conflicts, Nueva York: Palgrave, 1999.
Arce Rodrigo, Las diversas manifestaciones del diálogo, 2014



miércoles, 27 de mayo de 2015

Escribo muy poco últimamente.  

Es este estado de letanía el que me tiene aquí y cada intento por salir me da miedo, debo haberme acostumbrado a esta tensa calma, a esta aburrida y agobiante vida sin vida. 
Tantos rostros, tantas sonrisas, tantas miradas y ninguna llena este espacio de insatisfacción que se apodera de  mi cabeza, de mi corazón y de mi estómago... esa sensación de mariposas revoloteando que no la provoca el amor o el desamor, sino un constante deseo de desaparecer - o desaparecer a todos a mi alrededor-.


¿Y si esto terminara pronto?

 La gramática de este lugar  parece mareada y loca.  En esta eterna  víspera de sol y despedida, las palabras familia y echar de menos adquieren nuevos significados. Si alguien pregunta, hemos ganado. porque esto solo es posible sentirlo aquí, ahora, en esta absurda situación de tristeza alegre. Andamos buscando desesperados un lugar en el que congelar nuestros buenos recuerdos e imaginamos ruedas nuevas  para seguir quemando carreteras en busca de eso que ni siquiera se que es, pero que ansío con desesperación. 

Y si  dejaras de mentir?. 
Si confesarás que va mal. Que todo va mal. 
Ellos no entenderán porque nunca supieron ver. Siempre habrán cosas fuera de su alcance. Fuera de sí. Fuera de todo y quizá, demasiado profundo para que lo vean. 
Un laberinto demasiado enredado para encontrar la salida. Y aún así, ellos sonreirán atrapados.
Y a tí, a tí otra vez solo te tocará llorar.

sábado, 30 de agosto de 2014

TU BODA


Estuve pensando mucho sobre cómo debía empezar,  la verdad no quise que suene a meras frases que se dicen por decir. Quiero que comprendas en realidad lo importante que fue para mí -como sin duda alguna fue para tí- este gran día.

Siempre he pensado que uno debe alejarse de las situaciones de estrés en la vida, mantenerte siempre lo suficientemente alejado como para que no afecte otros aspectos de tu vida. Supongo que este intento por mantenerme alejada de situaciones de stress hace que no entienda como en ciertas ocasiones algunas cosas pueden brindarnos un extraño tipo de estrés satisfactorio. ¡Bahh!, no entiendo ¿qué tiene que ver el matrimonio con el color de los manteles de las mesas del salón?, ¿por qué tengo que asistir al “día más feliz de la vida de otros”, angustiándome por comprar un vestido lindo que combine con los lazos de la fiesta?
Hace poco  una amiga  me decía en un correo que era la mujer más dichosa y feliz del mundo, había encontrado al hombre de su vida y ahora serían uno solo (la frase me sonó cursi debo admitirlo), sin embargo su felicidad me contagió y quedamos en vernos para que me contara lo maravilloso que era esta etapa de su vida.
Fuimos por un café en cuanto pudimos, la primera media hora de nuestra reunión me mostró un arsenal de fotografías de la decoración del salón, del vestido y de la torta de 4 pisos. Por un momento noté ese brillo en su mirada que me confirmaba su felicidad. En realidad no sé cuando la figura cambió, ahí estaba ella contándome lo caro que le resultaría todo y lo adeudados que quedarían por la boda. Me contó que afortunadamente había conseguido un préstamo que la ayudaría con los gastos, pero que la deuda le quitaba el sueño muy a menudo. Al escucharla tan preocupada inocentemente pregunté ¿por qué entonces no olvidas toda la pompa y se casan en una reunión más íntima?; su rostro reflejaba la indignación por la inoportuna pregunta, ¿cómo podía dejar pasar el día más feliz de su vida con una reunión “íntima”?. No volví a tocar el tema, esa tarde solo me quedó escuchar lo hermosa que iba quedar la ceremonia.
Este tipo de situaciones me hacen pensar que definitivamente no quiero terminar enamorada de la idea de boda perfecta más que del hombre con el que supuestamente quiero compartir mi vida. Aunque no niego que la frase de “hasta que la muerte los separe” me emociona e incluso he pensado que el “y fueron felices para siempre” es posible en alguna circunstancia, pero nunca relacionado al fiestón al que llaman boda. Creo que esas frases acompañadas a la espectacular celebración son solo simples frases, sin mayor importancia. Creo que la vida va más allá de ciertas imágenes mentales que nosotros calificamos como felicidad. 
En fin…si hay algo que creo de sobremanera es que las decisiones de la gente hay que respetarlas, así que por la voluntad general de los pueblos -caballero nomás-  tenemos que aceptar las decisiones  y más si son de las personas a quienes queremos.
Una tarde de mayo mi hermano me contó que había decidido casarse, conociéndolo como lo conozco sabía que  estaba decidido. No era un tal vez, un veamos, era un me caso y pronto. Sabía que ninguno de mis argumentos podrían convencerlo de lo contrario, ni que mi poca fe en el matrimonio harían que  desista.
El día de la boda de mi hermano una indescriptible felicidad me invadió, no solo porque es mi hermano y así debe ser, sino por el hombre que es hoy, por la gran amistad que nos une, por sus errores y aciertos, pero sobre todo por esa mezcla de orgullo y admiración que siento cuando lo veo.
Cuan extraña puede ser a veces la vida. Hoy y ahora, observando esa felicidad que no puede disimular, mi poca esperanza en el matrimonio no es nada y me invade un deseo ferviente y desesperado de que la vida de ahora en adelante solo les depare maravillosos momentos de  inmensa e indescriptible felicidad.
Por ustedes, hoy más nunca quisiera tener el secreto de la felicidad. No lo tengo y no sé lo lindo o lo difícil que pueda llegar a ser el matrimonio, no sé lo que deberían y no deberían hacer, no tengo ni idea de como mantener una buena y sana convivencia o como no caer en el rutina diaria, mucho menos sé cómo deberían educar a sus hijos; supongo que en eso radica lo emocionante de esta aventura, cada mañana al despertar irán descubriendo lo bueno y lo malo e irán trabajando en ello, amándose, respetándose y viviendo esa magia que solo les da el amor, su amor.
 Y bueno sí, solo porque eres tú,  creo que serán felices para siempre.
Tu hermana.

miércoles, 1 de febrero de 2012

That's Life!

/Carta enviada, sin respuesta aún... /  La espero, pero ya no la necesito/

Al escribir pensé si estaría bien o si sería una gran equivocación. Ha sido una decisión que me ha tomado un tiempo. Sin embargo, si lo pienso mucho no me atreveré y si no lo pienso y solo lo hago ya no habrá forma de evitarlo.

Escribo porque sentía una profunda necesidad de hacerlo, escribo porque sentí nostalgia, mucha nostalgia.
Durante mucho tiempo escuché cosas como: olvida, debes continuar, no te dejes vencer y cosas así.... por mucho tiempo también eso intenté hacer. 
Finalmente decidí que debía comenzar por olvidar las cosas buenas, los instantes felices, las sonrisas, los buenos recuerdos. De esa forma podría recordar solo lo malo, la tristeza, la nostalgia, los miedos, la frustración; en algún momento empecé a odiarte, a desear que la pasaras mal, a desear que sintieras aunque se aun poquito de todo el dolor que a mí me tocó. 

 En el camino me juzgué mucho, lamenté con tanta fuerza haber dado lo que di, haber apostado a ganador y haber terminado perdiendo.  
La gente a mi alrededor intentaba convencerme que lo nuestro había sido una relación  dependiente, desigual, egoísta; admito que a veces sentí que al final yo había quedado exhausta, frustrada y  con un gran signo de interrogación en la cara, sin saber a quien preguntarle que pasó, en que momento lo nuestro se convirtió en eso y como rayos no pude hacer nada para evitarlo.

Desear creer que eras el ser más despreciable de la tierra y que te odiaba más que a nadie tampoco ayudó  mucho. Estaba en una lucha constante conmigo misma de : no estoy bien y no se como estar bien.

Esa continua discusión conmigo misma me dejaba ansiosa, agotada, molesta y muy muy triste. Un buen día entendí que si no podía sola debía pedir ayuda. Sabía que necesitaba ayuda,  sabía que no solo estaba pasando por un mal momento, era algo mucho más grande. Me sentía  incapaz de salir de todo aquello. 
La persona menos pensada terminó dándome el consejo más valioso y más real de los miles que me dieron por esas épocas.
Me dijo: lo bueno del dolor es que  no dura para siempre y  siempre es señal de cambio. Y aunque ahora tu mente no logra entender, debes saber que primero hay que ser buena gente con uno mismo para poder ser buena gente con los demás. Y tu estás empeñada en ser cruel contigo.

Con el tiempo  he intentado entender eso que dijeron, entre equivocaciones y terribles errores, entre mucho llanto y pocas ganas de continuar  terminé por entender que debía ser buena gente conmigo misma. Por mucho tiempo no lo fui y la vida fue muy cruel por ello, aún así, aquí estoy de pie, cansada si, pero de pie, con ganas de seguir, pero sobre todo con ganas de decirte que lamento que todo haya terminado tan mal entre nosotros; que haya  tanta tristeza y tanto dolor provocado sin razón, que haya tenido que odiarte para poder seguir; lamento más todos esos extremos a los que te arrastré sin querer, sin pensar.... pero sobre todo lamento todos los errores que cometí y todo  el daño que nos causé.

Es muy probable que ni siquiera leas este  mensaje, es probable además que pienses que es una tontería, pero también  creo que es probable  que al leerlo comprendas que escribo  por una necesidad terrible de decir lo que siento y sobre todo de que lo sepas.


¡Estoy tratando de ser buena conmigo misma y serlo implica no callar tantas cosas y sobre todo cerrar historias que quedaron a medias; cuando eso pase realmente siento que estaré preparada para ser feliz,  finalmente de eso se trata la vida no?, de ser feliz como puedas.

  Un día me pediste ser valiente, voy en camino . ¡Imagino que terminas de leer esto con esa gran y linda sonrisa que alguna vez iluminó mis días¡.

¡Hasta alguna vez¡, ¿hasta que la vida  quiera volver a jugar con nosotros?.


That´s Life:  

Así es la vida.
Eso es lo que dice todo el mundo:
"Tienes éxito en abril
Te destronan en mayo"

Pero sé bien
Que voy a cambiar esa actitud
Cuando vuelva a irme bien
Vuelva a irme bien en junio
..



miércoles, 21 de diciembre de 2011

Itaca

Itaca


Cuando emprendas el viaje hacia Itaca
ruega que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A los Lestrigones, a los Cíclopes
o al fiero Poseidón, nunca temas.
No encontrarás trabas en el camino
si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita
la emoción que toca el espíritu y el cuerpo.
Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al feroz Poseidón has de encontrar,
si no los llevas dentro del corazón,
si no los pone ante ti tu corazón.



Ruega que sea largo el camino.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que - ¡con qué placer! ¡con qué alegría! -
entres en puertos nunca antes vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finas mercancías
madreperla y coral, ámbar y ébano,
y voluptuosos perfumes de todo tipo,
tantos perfumes voluptuosos como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
para que aprendas y aprendas de los sabios.



Siempre en la mente has de tener a Itaca.
Llegar allá es tu destino.
Pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que ya viejo llegues a la isla,
rico de todo lo que hayas guardado en el camino
sin esperar que Itaca te de riquezas.
Itaca te ha dado el bello viaje.
Sin ella no habrías aprendido el camino.
No tiene otra cosa que darte ya.



Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado
sabio como te has vuelto con tantas experiencias,
habrás comprendido lo que significan las Itacas.



Konstantino Kavafis 

martes, 20 de septiembre de 2011

Los ex

Algún amigo dijo una vez: “Nena eres un imán de ex”, hasta ahora no me había detenido a pensar en ello,  y creo que es algo más común de lo que pensaba: cuando ya estaban refundidos en baúl de los recuerdos (malos y muy malos), enterrados en el pasado, a kilómetros luz lejos de nuestras vidas. ¡Zaz¡ ahí están , con mails, con llamadas por la madrugada o con un espía cerca (amigo en común  que siempre sabe donde puedes encontrarlo). Debe ser algo en la naturaleza de los hombres que de un día al otro deciden que dejaron “pendientes” en la relación y deben volver a terminarlos.

Ahora, es cuando eso pasa que para una las cosas se ponen peores. Tu confusión sentimental se eleva en un millón, tus complicaciones existenciales suceden con mayor frecuencia, tus tardes de llanto sin explicación se multiplican. Pero ahí estás, esperando el día en que volverás a verlo, aunque claro insistes en que ese tipo ¡ya fue!.

Días antes del gran suceso decides que es el momento oportuno de venganza y empiezas a  planear maquiavélicamente cada paso, cada movimiento.  La gran estocada debe ser mortal¡, te hirió y ahora debe pagar¡.
Te pasas horas en la peluquería, te pruebas una y otra vez esos vestiditos reservados solo para ocasiones especiales, te has puesto el tacón de aguja  que casi nunca usas y has desbaratado tu habitación como la primera cita con él. 

Sales de casa sonriendo de oreja a oreja, tu madre cree que hoy es el cumpleaños de una buena amiga del colegio, te arregla, te da los último toques y te desea suerte, ¡sí que la vas a necesitar¡.   En tu cabeza suena el sound track de la pelea final,  por tu mente pasan una tras otra las imágenes del pasado, todo el dolor y la tristeza la vuelves a sentir en ese instante. Tienes miedo, tienes mucho miedo, pero ya no hay vuelta atrás y solo toca seguir.

Llegas al lugar como una diva. Te ubicas en el lugar más iluminado, bebes un sorbo de tu copa  y repites lo que le dijiste a tus amigas: “¡ese pata ya fue!”. Entonces lo vez, tu visión empieza a fallar, la respiración se dificulta, tus manos tiemblan, empiezas a sentir calor, mucho calor, bebes otro sorbo de tu copa, y otro, y otro. Por unos instantes te haces a la loca, no lo viste cuando llegó. Aprovechas esos instantes en coquetear con algún tipo para que te saque a bailar o jalas a alguien del ruedo, le prohíbes preguntar: ¡tú baila nomás¡.

En el fondo sabes que terminará acercándose pero ya no puedes más, finges una visita al baño, ¡oh sorpresa¡,  él está muy cerca de ahí.  Se acerca sonriente y nerviosa le sueltas la única frase que practicaste  en el taxi:  ¿cómo estás?; el sonríe, todo pasa muy rápido, no has oido nada de lo que ha dicho.

Has bailado toda la noche, más de lo que jamás en tu vida imaginaste, sabes que ha estado mirando y no has hecho nada por alejar a los tipos que te preguntan tu nombre al oído. Te imaginas lo mal que la debe estar pasando; sonríes, disfrutas, continuas.

Se acerca, sabes que te dirá  -¿sabes que le dirás?- . Te mira, te sonríe, te abraza y dice que no te ha olvidado; te desmoronas -lo sientes-  pero finges muy bien, le repites  que  ya fue, que se acabó. No te cree, se nota en su mirada.

Te vuelve  abrazar, te mira, te besa, estás rendida otra vez. Casi sin darte cuenta, has cogido tu bolso, te has puesto el abrigo, has salido del lugar  y ahora caminas tomada de su mano hacia algún sitio. ¿Por qué la alerta de los malos recuerdos no funciona en esos momentos?.
  
¿Y la venganza?,  quien sabe donde quedó todo eso, quizás en aquel lugar, en aquellas personas que me hablaban al oído, en esas horas mirando de reojo, en esa noche que nunca debió terminar… hoy más que nunca entiendo que nunca debió empezar.

Escena de la película chilena  Que pena tu vida / ¡Así que, borrémonos de todo!

http://www.youtube.com/watch?v=3c9Qt_-aB-k&feature=related

jueves, 15 de septiembre de 2011

Mi dilema del erizo

El celular timbra suena una y otra vez, el sonido es creciente y se vuelve casi estrepitoso.  Sin abrir los ojos, me deslizo entre las sábanas de arriba abajo, de derecha a izquierda, buscando el bendito aparato que no deja de sonar. Cuando por fin lo tengo en mis manos no timbra más, abro un ojo y trato de ver que quien se trata, no lo logro y no hago el esfuerzo de intentarlo otra vez.

Me quedo tendida en la mitad de la cama, jalo las colchas que cayeron y me envuelvo en ellas, acomodo la almohada y me concentro  para volver a soñar.
Vuelve a sonar la misma canción en (ocasiones normales me hace bailar, pero  hoy la odio). 
¡Bien!, esta vez tengo el celular en la mano.

-         ¿Quién es?
-         Hola linda. ¿Cómo has estado? ¿Qué haces?

La voz me parece familiar, abro un ojo y veo un número conocido (que he borrado tantas veces de la agenda y otras tantas lo he vuelto a grabar).  Es él, es otra vez él, como siempre, de la misma forma, a la misma hora.

-         La gente decente duerme a esta hora – le digo con sarcasmo.
-         Debe ser que me gusta ser indecente – responde en tono más sarcástico aún
-         Oye, ¿no quieres verme algún día?
-         Si claro. El fin de semana puede ser - respondo
-          Y… ¿no quieres verme hoy?
-         Son casi las 3, no es buena idea

Antes de terminar la frase, volteo hacia el otro lado de la cama, como preparándome para bajar. Sabía que insistiría, era casi un juego secreto. El insistía una vez, yo me negaba otra, volvía a insistir, yo me volvía a negar, y a la tercera, siempre a la tercera, finalmente decía que si. 
-         Ok linda, otro día entonces. Y cuéntame ¿cómo te ha ido?, ¿estás bien?

Confieso que no esperaba esa respuesta, el hombre más insistente de la ciudad había aceptado de manera muy normal  que la chica le dijera que no. No le di más vueltas al asunto y retomé la conversación.  

Hablamos de muchas  cosas esa madrugada, dijo que quería verme, que me extrañaba, dijo que sería al día siguiente y que llamaría. Planeamos el día juntos.

Debo aclarar que no creí en nada de lo que decía, normalmente le recordaba que no era necesario mentir o maquillar la salida para hacer menos evidente el final. Pero debo aceptar  que a esa altura del partido ya no me resistía a jugar con él, hasta me parecía interesante entrar al juego y planear el siguiente día juntos.

La llamada terminó luego varios minutos. Me quedé mirando al techo y las estrellitas fluorescentes que pegué hace algunos años, las contemplé una y otra vez. Conté ovejas, tantas como pude, para poder volver a dormir. Nada resultó esta vez.
Había regresado esa extraña sensación de los fines de semana durante los últimos cuatro meses, era una mezcla de necesidad de verlo y necesidad de olvidarlo.

El teléfono volvió a sonar, contesté por inercia,  creo que fue mecánico. Era otra vez el,  decía que no podía dormir, que por alguna razón pensaba mucho en mí, que me extrañaba y quería verme pronto. Dijo además que quería estar a mi lado, que quería una relación conmigo,  que me deseaba más aún.
 Escuché como de constumbre, ironicé cada frase, le pedí que no mintiera más, recalqué una y otra vez que no era necesario decir todo eso, que así como estábamos era mejor y que así debía seguir.

Fueron tantas cosas las que dijo, que sin darme cuenta, de pronto ya no parecía tan falso y hasta me sonaba a verdad. 
Ese día le abrí mi corazón, lo abrí completamente, terminé diciéndole que también yo lo quería, que lo extrañaba de igual forma, que quería verlo, que lo necesitaba, le confesé mis miedos y le pedí una vez más que no mintiera.

-Piénsalo, no descartes la posibilidad ¡promételo!... Y yo lo prometí.

Al día siguiente, desapareció como siempre y yo no haría nada para saber que pasaba.


 Durante los siguientes días, pensé mucho en lo que había pasado y concentré mi análisis en las relaciones y el amor. ¿Cómo era posible que un hombre y una mujer se entiendan por tanto tiempo y de modo tan natural e intenso, pero fuera imposible una relación de otro tipo?, ¿por qué la comunicación no fluía de la misma manera en otros aspectos de nuestras vidas? ¿por qué sentía que era el hombre más mentiroso del mundo  y sin embargo nuestros cuerpos eran totalmente sinceros cuando estaban juntos? ¿por qué hablaba de amor si nuestra relación no exigía eso? ¿por qué siempre se iba y volvía un tiempo después para complicar todo otra vez?.

La respuesta parecía simple para todos, menos para mí. Quienes sabían de mis complicaciones sentimentales decían que quizás debería ser menos fatalista y desconfiada. ¡Te saboteas solita! solían decir. Yo pensaba en cambio,  que había diferencias irreconciliables que jamás permitirían pensar en oportunidades. Mi  silencio no se entendía con su necesidad de hablar (aunque fueran puras mentiras). Mi necesidad de amor no iba con su necesidad de pasión. Mis confusiones evidentes no iban con su seguridad fingida.


Debo admitir que nunca antes había estado en una situación como esa, nunca de modo tan explícito. En algunas ocasiones llegue hasta aceptar que era posible disfrutar del sexo sin necesidad de sentir culpa porque el tipo con el que amaneces no es tu novio, o por no existe la mínima  posibilidad de en algún futuro lo sea. Solo son dos cuerpos que se gustan y se entienden, que no esperan nada más de aquello, que nada más esperan que aquello dure lo que tenga que durar.
Sin embargo, la mayor parte del tiempo estaba convencida de que el sexo en vez  del amor no funciona. Había probado eso y terminó siendo  un total fracaso, principalmente emocional. Siempre al fin y al cabo, en lugar de llenar ese espacio que quedó vacío por el amor o por el desamor, terminaba peor, entendiendo que una buena noche de placer no hacia olvidar sino recordar con más fuerza, que te restregaba en la cara que deseabas que hubiera sido con el tipo que alguna vez destrozó tu corazón y que aún así amabas todavía.

En cualquiera de las dos situaciones, sabía que  - a parte de el- no existía otra persona sobre la faz de la tierra (si existía en realidad, pero no era posible ya) con la que quisiera pasar un rato, recibir -y dar- un poco de cariño, ternura y claro una muy buena dosis de pasión.

Fue en ese recibir y dar cariño que terminé subida en esa montaña rusa, bajando y subiendo una y otra vez, creyendo en él  y  aceptando que mentía.
Creo que nunca pude seguir el ritmo de esa carrera, de algún modo sabia que yo iba perder, sabía que terminaría peor que antes. 
No estaba bien querer y no querer, creer y no creer, pero sobre todo no estaba bien esperar más de lo que debía. En el fondo ya no me conformaba con que me quisieran en ciertos días y determinadas horas, empezaba a querer más, evidentemente más de lo que podía tener.

Lo vi por última vez  una mañana de otoño. No pude evitar besarlo al despedirme y decirle al oído un te quiero – que ojalá no haya escuchado-.
Nuestra despedida fue sincronizada y en silencio, nunca dijimos adiós, solo dejamos de vernos. Él, fiel a su estilo dio el primer paso, continué yo con lo creí debía hacer para sacarlo de mi vida. 

A veces me pregunto como estará, que habrá sido del chico  de sonrisa amplia, de mirada profunda y misteriosa, que parecía siempre tener la respuesta exacta, que aguantaba  mis malos momentos y que siempre, al final, terminaba haciéndome sonreir.

Yo creo (o quiero creer) que se alejó para no lastimar, para no herir a la gente que amaba. Quiero creer que también lo hizo por mí, ¡sí! creo que también debió hacerlo por mí. 


El dilema del erizo:
Cuanto más cercana sea la relación entre dos seres, más probable será que se puedan hacer daño el uno al otro. Si se acercan demasiado, las púas de cada uno dañarán al otro.
No hay intencionalidad en el daño, aunque sí, esta situación determina sus hábitos sociales, y les relega a cierto grado de soledad y vida independiente.