La Dama de la Laguna Azul
Hace
unos días Máxima
Acuña, la “Dama de la Laguna Azul”, mujer peruana procedente la región Cajamarca, ganó el Premio Goldman, considerado el Nobel del Medioambiente por sus
esfuerzos sostenidos y significativos para mejorar y proteger el medioambiente,
poniendo incluso en peligro su propia vida.
Maxima
Acuña, de 44
años, campesina, sin educación
escolar y que vive con su familia junto a la Laguna
Azul, se enfrentó a la empresa
minera Yanacocha por la propiedad de las tierras ubicadas frente a una de las
principales reservas de agua de la zona y que es reclamada por la empresa
minera como parte de su propiedad.Las razones que llevaron a estas mujeres a asumir el liderazgo - en algunas ocasiones invisible- es que son particularmente las más golpeadas por las consecuencias negativas de los proyectos extractivistas, tanto en su entorno medio ambiental como familiar: la presencia de la actividad minera y el alza del costo de vida llevó a las mujeres a sumarse a duras jornadas laborales, la pérdida progresiva de sus actividades habituales agropecuarias, la pérdida de sus formas de vida tradicional y un aumento preocupante de violencia intrafamiliar.
Al
igual que Máxima, muchas mujeres indígenas en la región Cajamarca han jugado un rol clave en
fortalecer el movimiento de protesta contra los proyectos mineros. Por ejemplo, la presencia de las mujeres en las rondas campesinas
permite vigilar y mantener clara la línea de la lucha encabezada generalmente por
dirigentes varones.
A pesar de ello, su participación
ha quedado relegada por el gobierno y
aquellos cambios generados a partir de las luchas sociales no han considerado
aspectos relevantes para protegerlas. El
caso de la Dama de la Laguna Azul, muestra la necesidad de visibilizar a las
mujeres y sus necesidades, pero sobre todo fortalecer sus capacidades para
combatir el aislamiento y la violencia
ejercida contra ellas.
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